dimarts, 8 de març del 2016

EL TRABAJO DE JOAN

El trabajo de Joan
Cuando mi automóvil se avería suelo ir al taller de Joan, mecánico de profesión, al que conozco desde hace muchos años. Cuando le muestro el vehículo y le explico vagamente lo que me ocurre, jamás –insisto– jamás, Joan se dirige al enorme panel de la pared en el que tiene gran cantidad de herramientas cuidadosamente ordenadas para, rápidamente, tomar una de ellas y comenzar a hurgar en el motor con la intención de repararlo enseguida. No. No actúa de esa manera. Pacientemente, se dirige a mí y empieza a interrogarme con preguntas como éstas: «¿desde cuándo has notado que falla el motor?», a la que yo intento responderle con una fecha. Inmediatamente me dice: «¿has notado si la avería se produce especialmente por las mañanas, ahora que hace mucho frío?»
Espera mi respuesta; parece reflexionar sobre ella y rápidamente me solicita: «¿has notado si el vehículo hace un ruido extraño?» y, si le respondo que sí insiste preguntando: «¿y ese ruido es un ronroneo persistente o unas explosiones súbitas?», y yo identifico el carácter del estrépito.
Pero veo que Joan todavía no actúa, no opera, no pone sus manos sobre el vehículo y, sin embargo, pertinaz, sigue con su interrogatorio: «¿el ruido procede de la parte trasera del automóvil?, ¿de la delantera?»; y parece considerar mi respuesta. Más adelante, y sin hacer ademán alguno por intervenir, me sugiere: «entra en el auto, levanta el capó, intenta ponerlo en marcha cuando yo te avise», y, mientras lo intento, veo que ahora mete su cabeza entre los elementos del motor y, sin sacarla de allí, sigue preguntando: «¿has notado si en estos últimos días perdía agua el radiador?» y, casi sin darme tiempo a responder, comenta: «mira, aquí parece que hay unas gotas de aceite y un cable algo suelto...».
Nuestro profesional de la mecánica sigue aún algún tiempo más sin actuar, sin apretar un tornillo, sin manejar una herramienta, sólo mira el motor desde diferentes ángulos, parece ajustar con la mano algunas piezas, apretándolas, hasta que, al cabo de un rato, ahora sí, –con gesto ufano–, levantando el cuerpo que tenía volcado sobre el motor, se dirige hacia el panel de herramientas de la pared comentando: «creo que es un problema del delco». Y entonces sí, por fin, toma una de aquellas herramientas, no una cualquiera sino una muy concreta, de formas peculiares, manipula con ella durante unos segundos el motor y, tras la breve maniobra manifiesta: «¡ya está!, ¿ves?, ¡todo arreglado!; me debes 90 euros».
Por fin actuó. Fue una intervención breve, precisa, eficaz y también muy rentable para él, aunque el buen trabajo de Joan bien merece ese pago. Consumió poco tiempo al hacerla, no hubo errores: fue la intervención de un profesional, de una persona que estudió mecánica durante años, que sigue participando en actividades de capacitación, que lee revistas profesionales, que lleva ya muchos años en la profesión, que actualiza y renueva sus herramientas de trabajo; de una persona que, en definitiva, fundamentó su acción en una exhaustiva diagnosis.


MORALEJA FINAL: Fer un bon diagnòstic inicial ens fa ser més eficaços I precisos en la nostre actuació posterior I així evitat males actuacions.

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